Si nos preguntamos qué es exactamente un queso, podemos decir que es una manera de conservar la leche, que desde siempre se ha considerado un alimento valioso; de hecho, los quesos son uno de los alimentos más antiguos y esto ha hecho que, a lo largo de los años, la tecnología se haya ido sofisticando y adaptando a los diferentes ambientes. Un queso es el resultado de la confluencia de tres factores: la materia prima (la leche), la tecnología (la acción humana) y el ambiente (temperatura, humedad y microorganismos). El resultado, tras miles de años de experimentación y consolidación, es un producto de alto nivel nutritivo y gastronómico que presenta cientos de variantes.
La definición de queso de la legislación española es algo enrevesada y dice, textualmente, que: “Se entiende por queso el producto fresco o madurado, sólido o semisólido, obtenido por separación del suero después de la coagulación de la leche natural, de la desnatada total o parcialmente, de la nata, del suero de mantequilla o de una mezcla de algunos o de todos estos productos, por la acción del cuajo u otros coagulantes apropiados, con o sin hidrólisis previa de la lactosa. Asimismo, se entiende por queso el conseguido mediante técnicas de elaboración que comprendan la coagulación de la leche y/o materias obtenidas de la leche y que den un producto final que posea las mismas características del producto definido anteriormente y siempre que la relación entre la caseína y las proteínas séricas sea igual o superior a la de la leche”.
Fuente: Romero del Castillo, R.; Guamis, B. 2010. Tecnologia d’elaboració de Formatges. Dossier tècnic , nº 42. Pp 12 – 16. Departament d’Agricultura, Alimentació i Acció Rural. Ed. Generalitat de Catalunya
